EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO VIII

“Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el Cielo como de media hora. Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los que entregaron siete trompetas. Entonces vino otro ángel y se paró delante del altar de los perfumes con un incensario de oro. Le dieron muchos perfumes para que los ofreciera con las oraciones de todos los santos en el altar de oro colocado delante del trono. Y la nube de perfumes, junto a las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios. Después, el ángel tomó su incensario y lo llenó con brasas del altar y las lanzó sobre la tierra; estallaron truenos tremendos, relámpagos y terremotos. Los siete ángeles de las siete trompetas se prepararon para tocar. Tocó el primero, y se produjo granizo y fuego, mezclado con sangre, que fueron lanzados a la tierra. Y la tercera parte de la tierra se quemó con la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde. Tocó el segundo ángel, y algo así como un inmenso cerro en llamas fue echado al mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Así perecieron la tercera parte de los seres que viven en el mar y el tercio de los navíos. Tocó el tercer ángel, y cayó del cielo una estrella grande, como un globo de fuego, sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes. La estrella se llama Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas. Tocó el cuarto ángel, y quedó afectada la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas; perdieron un tercio de su claridad y lo mismo la noche”

El presente texto pertenece al género apocalíptico, el cual aparece en muchos pasajes de las sagradas escrituras. Este texto, al igual que muchos pasajes del libro de Daniel, se puede prestar para múltiples interpretaciones. De hecho y a través de la historia, el ser humano siempre ha intentado develar este mensaje oculto, escondido entre complicados simbolismos. El significado exacto de esta revelación alegórica solo lo conoce Dios, en su infinito poder y sabiduría. Sin embargo, no es imposible darle un sentido católico y cristiano a este fragmento, tomando como base las profecías del antiguo y nuevo testamento.

La expresión “Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el Cielo como de media hora. Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los que entregaron siete trompetas” se refiere al periodo de tiempo que transcurre en el Cielo en espera de la segunda venida de Cristo a la Tierra, lo que se conoce como la parusía. Este segundo adviento tiene como preparación siete grandes avisos, los cuales están representados por el sonido de las siete trompetas que los ángeles van a tocar. Entre los signos que harán antesala a la parusía se encuentra el Día de la Ira de Dios. El anterior fragmento apocalíptico guarda estrecha relación con las citas bíblicas que aparecen continuación:

“Que todo ser se calle ante Yahvé, pues se levanta y sale de su morada santa”
Zacarías 2, 17

“¡Reine el silencio delante del Señor Yahvé, pues se acerca su día! Yahvé ha preparado un sacrificio y ha consagrado a sus invitados”
Sofonías 1, 7

El número dos, en las sagradas escrituras, simboliza el testimonio cristiano. Recordemos que Cristo mismo envió a sus discípulos de dos en dos. El valor numérico equivalente a un medio corresponde al valor inverso y contrapuesto a dos. Por tanto, un medio representa: El antitestimonio cristiano, la relajación moral, la apostasía, etc. Así, la expresión “se hizo silencio en el Cielo como de media hora” se refiere al periodo de tiempo de espera en la eternidad hasta que se haya colmado la copa de la Ira de Dios por concepto de: La relajación moral, el antitestimonio y la gran apostasía universal. Si el mundo no se convierte de corazón a Nuestro Señor Jesucristo, el Día de la Ira de Dios será el anticipo del fin del mundo. La relajación moral, el antitestimonio y la gran apostasía universal hacen parte de los signos de los últimos tiempos profetizados en las sagradas escrituras. Así es, porque así está profetizado:

“Ellos les decían: Al fin de los tiempos habrá hombres que se burlarán de las cosas sagradas y vivirán según sus deseos impuros. Aquí tienen a hombres que causan divisiones, hombres terrenales que no tienen el Espíritu Santo”
Judas 1, 18 - 19

“Hermanos, hablemos de la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor, y del día en que nos reunamos con él. Les ruego que no se dejen perturbar tan fácilmente. No se asusten como si fuera inminente el día del Señor; aunque se les anuncie por revelación o por una palabra espiritual o se les diga que nosotros mismos escribimos al respecto, no se dejen engañar de ninguna manera. Primero tiene que producirse la apostasía. Entonces aparecerá el hombre del pecado, instrumento de las fuerzas de perdición
II Tesalonicenses 2, 2 - 3

Poco antes del fin del mundo, habrá una gran apostasía universal. Esta apostasía será causada por el último anticristo. San Pablo profetiza sobre el último anticristo cuando escribe: “Primero tiene que producirse la apostasía. Entonces aparecerá el hombre del pecado, instrumento de las fuerzas de perdición”. Algunas de las características de la futura gran apostasía universal están explicadas en el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo. Si el último anticristo, en el final de los tiempos, será el arquitecto de la futura gran apostasía universal, los actuales medios de comunicación son los promotores de la presente apostasía mundial. El diablo no solamente se vale de una terrible proliferación de sectas protestantes y falsas religiones, promocionadas en diferentes cadenas de televisión. Satanás también utiliza herejías y falsas doctrinas, como el código Da Vinci y la nueva era, las cuales son aceptadas y divulgadas por: La prensa, la radio, la televisión, el cine, internet, etc. Los medios de comunicación siempre olvidan mencionar lo fundamental: La acción evangelizadora de la Iglesia y la importancia de una auténtica conversión a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El pasaje “Entonces vino otro ángel y se paró delante del altar de los perfumes con un incensario de oro. Le dieron muchos perfumes para que los ofreciera con las oraciones de todos los santos en el altar de oro colocado delante del trono. Y la nube de perfumes, junto a las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios” es un hermoso homenaje a las oraciones de todos los fieles devotos del mundo entero. Son las oraciones de la Iglesia las que han permitido que este mundo aún no haya sido destruido por Dios. Son las oraciones de las religiosas y monjes, muchos de ellos encerrados en monasterios, las que preservan aún con vida a la actual humanidad pecadora. Nosotros, también, podemos orar por la conversión de los pecadores de este mundo. Nosotros, también, podemos convertirnos y ser mejores cristianos para aplacar la Ira de Dios. Porque si no cambiamos, del mismo trono del Todo Poderoso llegará el castigo:

“el ángel tomó su incensario y lo llenó con brasas del altar y las lanzó sobre la tierra; estallaron truenos tremendos, relámpagos y terremotos”

El número tres es el número de Dios porque son tres las personas que conforman la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El valor numérico equivalente a un tercio corresponde al inverso de tres. Por tanto, la expresión “la tercera parte” simboliza la obra de satanás, es decir, el pecado. Si con el número tres presentamos todas las buenas obras y virtudes de la Santísima Trinidad, con el valor numérico equivalente a la tercera parte se presenta todo el pecado, idolatría e iniquidad propia de un mundo que se olvidó de Dios. Con este presupuesto, no resulta imposible interpretar el pasaje apocalíptico que se presenta a continuación:

“Los siete ángeles de las siete trompetas se prepararon para tocar. Tocó el primero, y se produjo granizo y fuego, mezclado con sangre, que fueron lanzados a la tierra. Y la tercera parte de la tierra se quemó con la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde”

El sonido de la primera trompeta profetiza la futura muerte de todos los pecadores del mundo en el Día de la Ira del Señor. El texto “Tocó el primero, y se produjo granizo y fuego, mezclado con sangre, que fueron lanzados a la tierra” indica que el castigo será universal y será producto, especialmente, de la Ira de Dios. El fragmento “Y la tercera parte de la tierra se quemó con la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde” pone en evidencia que en el Día de la Cólera del Señor lloverá fuego del cielo sobre la Tierra. Como se explica en la exégesis del Capítulo VII, la expresión “la tercera parte de los árboles” se refiere a la muerte de todos los impíos del mundo entero. Cuando San Juan escribe: “Y la tercera parte de la tierra… y toda la hierba verde” lo que quiere expresar es que el castigo será universal, mas no todas las ciudades del mundo, ni todos los seres humanos morirán. Solo serán castigadas las ciudades y regiones que se apartaron de la santa voluntad de Dios, al igual que todos los infieles a Nuestro Señor Jesucristo. No hace falta ser un teólogo consumado para verificar las terribles coincidencias entre este texto y las siguientes citas bíblicas:

“Ustedes sembraron heno y cosecharán sólo paja, mi respiración los quemará como una llama. Los pueblos quedarán reducidos a cenizas, como zarzamora cortada a la que le prenden fuego
Isaías 33, 11 - 12

“La tierra ha sido profanada por los pies de sus habitantes, que pasaron por alto las leyes, violaron los mandamientos y no cumplieron el contrato eterno. Por eso, una maldición ha devorado la tierra por culpa de sus habitantes; por eso se han ido muriendo y solo quedan unos pocos”
Isaías 24, 5 - 6

“Y soltaron a los cuatro ángeles que esperaban la hora, el día, el mes y el año, listos para exterminar a un tercio de los hombres”
Apocalipsis 9, 15

Tomando en cuenta la actual apostasía mundial y el enorme pecado de escándalo e injusticia que se respira en todo el planeta, no resulta exagerado reflexionar sobre: La proximidad del Día de la Ira de Dios. En este momento, lo importante no es preocuparse por el desconocimiento de la fecha del futuro Día de la Cólera del Señor. Lo, realmente, importante es vivir cada día como si fuera el último, es decir, en gracia de Dios y en vigilante espera, cumpliendo siempre la voluntad de Nuestro Señor Jesucristo.

El segundo toque de trompeta encierra un profundo significado profético e histórico, como está escrito:

“Tocó el segundo ángel, y algo así como un inmenso cerro en llamas fue echado al mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Así perecieron la tercera parte de los seres que viven en el mar y el tercio de los navíos”

A través de muchos pasajes del antiguo testamento, no es difícil hallar referencias dirigidas al antiguo pueblo de Israel como el "cerro de Yahvé". En el antiguo testamento, Israel representaba cosas muy importantes: La casa de Jacob, el pueblo de Dios, la tierra prometida, etc. La nación de Israel reunía toda la tierra prometida por Dios a las doce tribus de Jacob, por tanto, no resulta extraño que a Israel se le nombre en el antiguo testamento como el "cerro de Yahvé". Esto se puede verificar mediante la cita bíblica que se anexa a continuación:

“Irán a verlo todas las naciones y subirán hacia él muchos pueblos, diciendo: ‘Vengan, subamos al cerro de Yahvé, a la Casa del Dios de Jacob, para que nos enseñe sus caminos y caminemos por sus sendas. Porque la enseñanza irradia de Sión, de Jerusalén sale la palabra de Yahvé’ ”
Isaías 2, 3

Así, la expresión “y algo así como un inmenso cerro en llamas fue echado al mar” se refiere al destierro del pueblo judío por fuera del territorio de Israel hacia el año 135 de nuestra era. Los judíos se habían negado a escuchar a Nuestro Señor Jesucristo, a pesar de haber visto milagros que nunca antes nadie había realizado en medio de ellos. Ellos se negaron a creer porque ningún hombre cree en lo que no ama, ni acepta. Israel respiraba odio y rencor hacia el imperio romano. Ese odio les nublaba la mente y el corazón, a tal punto que el mensaje de amor, tolerancia y perdón de Cristo no halló acogida entre ellos. De esta manera, hacia el año 66 d.C, los judíos se revelaron contra los romanos, siendo éstos últimos sus terribles verdugos. Desde el 66 d.C hasta el 135 d.C los judíos sostuvieron tres guerras contra el imperio romano. Israel perdió estas tres confrontaciones, conocidas con el nombre de las guerras judeo-romanas. Finalmente, los romanos destruyeron Jerusalén, reduciéndola a cenizas. Los judíos fueron desterrados y dispersados por todo el mundo pagano, el cual es mencionado en el fragmento apocalíptico anterior mediante la palabra “mar”. Jesucristo profetizó esta terrible destrucción y destierro, como está escrito:

“Jesús salió del Templo y, mientras caminaba, sus discípulos se le acercaron y le hacían notar las imponentes construcciones del Templo. Pero él respondió: ‘¿Ven todo esto? En verdad les digo que aquí no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido’ “
San Mateo 24, 1 - 2

“Cuando vean a Jerusalén rodeada por ejércitos, sepan que le ha llegado la hora fatal. Si ustedes están en Judea, huyan a los cerros. Si están dentro de la ciudad, salgan y aléjense. Si están en los campos, no vuelvan a la ciudad. Porque ésos serán los días de su castigo, en que se cumplirán todas las cosas que les fueron anunciadas en la Escritura. ¡Pobres de las que estén embarazadas o estén criando en esos días! Porque una gran calamidad sobrevendrá al país y estallará sobre este pueblo la cólera de Dios. Morirán al filo de la espada, serán llevados prisioneros a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por las naciones hasta que se cumplan los tiempos de las naciones”
San Lucas 21, 20 - 24

Después de dos mil años, los judíos aún no creen que Jesús sea el Cristo. Igualmente, existen muchos católicos que tampoco creen en Él. No creen en Él porque no quieren abandonar sus vicios y pecados. Incluso, hay muchos que justifican su mala vida cambiándose de religión. Son ciegos que se niegan a creer en el evangelio y en el magisterio de la Iglesia. El magisterio doctrinal de la Iglesia Católica se encuentra en el Catecismo Mayor escrito por San Pio X.

Cuando el autor del Apocalipsis escribe: “y la tercera parte del mar se convirtió en sangre” se refiere a la guerra como el gran azote de la humanidad y una de las peores manifestaciones de satanás. Al utilizar la expresión “la tercera parte” San Juan se refiere a los ejércitos militares anticristianos que durante las guerras del mundo han masacrado, indiscriminadamente, a millones de inocentes. Este fragmento no se puede interpretar de forma literal porque toda la creación de Dios es perfecta, incluidos los peces y las especies que habitan en el mar. Por tanto, el texto “Así perecieron la tercera parte de los seres que viven en el mar y el tercio de los navíos” significa la desaparición y destrucción masiva de: Ejércitos, municiones, tanques de guerra, aviones militares, países, ciudades y pueblos. De esta manera, la palabra "mar", en el texto apocalíptico precedente, designa el mundo pagano. Tanto en el pasaje del segundo jinete del Apocalipsis, como en el mensaje entregado al sonar la segunda trompeta, se habla de guerra, tal como está escrito:

“Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente gritar: ‘Ven’. Salió entonces otro caballo color fuego. Al que lo montaba le ordenaron que desterrara la paz de la tierra, y que hiciera que se mataran unos a otros; para esto se le dio una gran espada
Apocalipsis 6, 3 - 4

A través de la historia de la humanidad, siempre han existido guerras por el poder político y económico. Desafortunadamente, en ninguna de las guerras pasadas, ni presentes, se ha visto tanta crueldad, muerte y destrucción como en la segunda guerra mundial. En ninguna de las guerras, que la humanidad ha experimentado, se han asesinado tantos judíos (alrededor de seis millones), como en el tristemente célebre holocausto nazi. La segunda guerra mundial encaja, perfectamente, con el mensaje actual, que tiene para nosotros, el anuncio correspondiente al sonido de la segunda trompeta del Apocalipsis. La segunda guerra mundial es un claro signo del final de los tiempos porque coincide, exactamente, con aquello que fue profetizado:

“El tercer ángel vació su copa sobre los ríos y las fuentes, que se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas que decía: ‘Tú que eres y que eras, oh Santo, eres justo al castigarlos de ese modo. Puesto que ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, tú los hiciste beber sangre. Bien se lo merecían’. Oí a otro que decía desde el altar: ‘Sí, Señor y Dios, Señor del universo, tus juicios son verdaderos y justos’ “
Apocalipsis 16, 4 - 7

“Tocó el segundo ángel, y algo así como un inmenso cerro en llamas fue echado al mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Así perecieron la tercera parte de los seres que viven en el mar y el tercio de los navíos”

El Espíritu Santo ha sido nombrado en el evangelio como el agua viva. Si el Espíritu Santo es el Señor y dador de vida, únicamente, comparable con un manantial de agua pura y cristalina, entonces ¿Cómo puede representar el autor del Apocalipsis al espíritu del mal? Si lo analizas bien, San Juan recrea, perfectamente, el espíritu de satanás, cuando escribe:

“Tocó el tercer ángel, y cayó del cielo una estrella grande, como un globo de fuego, sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes. La estrella se llama Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas”

El espíritu del diablo es amargo como el ajenjo porque satanás odia hasta la muerte. En él no existe amor, tampoco existe felicidad. El mayor pecado del enemigo de Dios y de los hombres es la tentación. Porque la tentación lleva al pecado y el pecado lleva a la muerte y esta muerte es la muerte eterna. Así es, porque así está escrito:

“¡Ay de ustedes, que transforman las leyes en algo tan amargo como el ajenjo y tiran por el suelo la justicia! Ustedes odian al que defiende lo justo en el tribunal y aborrecen al que dice la verdad”
Amós 5, 10

La estrella se llama Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas

La expresión “sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes” guarda un profundo significado para nuestro tiempo. Los “ríos y las fuentes”, de las que se habla en este fragmento, se refieren a la actual humanidad infiel que no quiere salir de sus vicios y perversidades. Están muy equivocados los que piensan que el espíritu del mal solo habita en satánicos y brujos. Todo aquel, que practica el mal y vive en la mentira, es hijo del diablo y termina igual que su padre, como está escrito:

“¿Cómo caíste desde el cielo, estrella brillante, hijo de la Aurora? ¿Cómo tú, el vencedor de las naciones, has sido derribado por tierra? En tu corazón decías: ‘Subiré hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios, me sentaré en la montaña donde se reúnen los dioses, allá donde el Norte se termina; subiré a la cumbre de las nubes, seré igual al Altísimo’ Mas, ¡ay!, has caído en las honduras del abismo, en el lugar adonde van los muertos”
Isaías 14, 12 - 15

La muerte espiritual es el resultado obvio que le sucede a todo aquel que vive en pecado mortal. Los hijos del diablo nunca heredarán la Tierra porque son hijos de aquel que ha sido un asesino de hombres desde el principio. Así es, porque así está escrito:

“Ustedes tienen por padre al Diablo, y quieren realizar los malos deseos del Diablo. El es asesino de hombres desde el principio. No ha permanecido en la verdad. Cuando habla, de él brota la mentira, porque es mentiroso y padre de toda mentira”
San Juan 8, 44

“Pero a los cobardes, a los renegados, corrompidos, asesinos, impuros, hechiceros e idólatras, en una palabra, a todos los embusteros, la herencia que les corresponde es el lago de fuego y de azufre, o sea, la segunda muerte”
Apocalipsis 21, 8

Si bien, la maldad y la brujería siempre han existido durante la historia de la humanidad, el fenómeno del satanismo es, relativamente, nuevo y preocupante. Es a este fenómeno, al cual se refiere, especialmente, San Juan, cuando escribe las líneas proféticas correspondientes al sonido de la tercera trompeta del Apocalipsis. Así, la aparición y propagación de sectas satánicas y música con mensajes diabólicos representan un claro y alarmante signo del final de los tiempos.

Como si la brujería y el satanismo no representaran una creciente amenaza para la sociedad de todos los tiempos, no es para nada extraordinario ver, hoy en día, en la televisión y el cine: Programas y películas cuyos protagonistas son brujos con gran reconocimiento popular, como el famoso Harry Potter. Es, precisamente, este filme, el que ha retorcido el corazón de muchos jóvenes llevándolos al estudio y la práctica de la brujería. Actualmente, existen incluso cadenas de televisión dedicadas, únicamente, al ocultismo y al esoterismo. Es, igualmente, lamentable que los medios de comunicación social y los gobiernos locales de diferentes ciudades del mundo promocionen y permitan la organización de conciertos de música metálica. No hace falta ser un teólogo de renombre para darse cuenta que muchas de las letras de las canciones de estas aberrantes agrupaciones musicales contienen mensajes satánicos, sea en forma directa u oculta.

En el Capítulo IX se explica la relación existente entre: El toque de la tercera y la quinta trompeta del Apocalipsis. A continuación, se anexan los dos pasajes apocalípticos que están interconectados entre sí.

“Y tocó el quinto ángel. Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del abismo. Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso horno, que oscureció el sol y el aire”
Apocalipsis 9, 1 - 2

“Tocó el tercer ángel, y cayó del cielo una estrella grande, como un globo de fuego, sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes. La estrella se llama Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas”

En el Día de la Ira del Señor no habrá luz, todo estará en tinieblas. La oscuridad será absoluta. Este es el mensaje central del anuncio contenido en el sonido de la cuarta trompeta del Apocalipsis, como está escrito:

“Tocó el cuarto ángel, y quedó afectada la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas; perdieron un tercio de su claridad y lo mismo la noche”

Como se lee en este enigmático pasaje, son tres los faroles que hay en el cielo: “del sol, de la luna y de las estrellas”. Al multiplicar el número tres por el valor correspondiente a un tercio se obtiene la unidad. Esta unidad representa toda la Tierra. Así, en el Día de la Ira de Dios no habrá ni luz, ni electricidad en todo el planeta. Más detalles sobre este futuro acontecimiento se pueden hallar en el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo. Desafortunadamente, no es imposible hallar pasajes bíblicos que anuncian el mismo desastre, como está escrito:

“Pues habrá llantos en todas las viñas cuando yo pase en medio de ti. ¡Ay de aquellos que suspiran por el día en que vendrá Yahvé! ¿Cómo será ese día para ustedes? Será un día de tinieblas, no de luz”
Amós 5, 17 - 18

“Será un día de cólera aquel día, de angustia y de congoja; día de destrucción y de abandono, de sombras y tinieblas; día de nubarrones y neblina”
Sofonías 1, 15

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que venga a nosotros la paz, el amor y el arrepentimiento que nos lleve a ser hijos tuyos, siempre fieles a tu santa voluntad. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO